Por qué creé el taller Sanidad Digital

Llevo bastantes años tomando notas. Es algo que siempre he hecho y bastante generalizado: la gente apunta cosas constantemente; para no olvidarse o para recordar —que parece lo mismo pero no lo es—. A lo largo de los años, he usado diferentes técnicas y probado múltiples herramientas. He pasado por libretas, por servilletas, por el bloc de notas del ordenador, por Evernote, por Google Keep, por Notion, por documentos de Word que nunca volví a abrir, por correos que me mandé a mí mismo con «leer esto después» y, claro, las notas infinitas en el móvil que juntaban la lista de la compra, una idea para un proyecto y el número del vuelo que tomé hace cuatro años en el mismo fichero. Cada método tenía algo que me convencía al principio y algo que con el tiempo dejaba de funcionar. O quizás era que yo dejaba de mantenerlo. El resultado, durante años, fue el mismo: tenía notas en todas partes y cuando necesitaba algo concreto, necesitaba embarcarme en una pequeña aventura con resultado incierto.

La trampa de buscar la herramienta perfecta

Trabajar en informática —algo a lo que me he dedicado por mucho tiempo— tiene sus ventajas: desarrollas el hábito de probar cosas, de entender cómo funcionan los sistemas, de buscar formas de que el software haga parte del trabajo. Pero en mi caso también tuvo una consecuencia: estaba constantemente en busca de La Herramienta. Cada vez que algo no me funcionaba o no tenía una funcionalidad que necesitaba, me ponía a buscar una mejor. Evernote era demasiado cerrada. Keep era demasiado simple. Notion era demasiado pesada para notas rápidas. El bloc de notas era demasiado simple. Siempre había un pero. Lo que tardé bastante en plantearme era que quizás el problema no estaba en las aplicaciones sino en que no había pensado realmente qué quería hacer con mis notas. Las usaba para capturar cosas, sí. Pero sin ningún criterio claro de qué pasaba con ellas después. Y ninguna aplicación, por buena que sea, resuelve eso sola.

Obsidian y un cambio de perspectiva

Encontré Obsidian hace unos años, antes de que empezara la pandemia. Al principio parecía un elemento extraño —no encajaba bien en las categorías que tenía en la cabeza de "bloc de notas" o "gestor de tareas". Era otra cosa, algo poderoso. La idea central, explicado de forma simplificada: las notas pueden estar conectadas entre sí. No solo organizadas en carpetas o etiquetadas, sino enlazadas directamente, de forma que puedes navegar de una idea a otra siguiendo el hilo de cómo se relacionan. No sé si eso suena a gran revelación —quizás a mucha gente le parece complejidad innecesaria. A mí me hizo repensar algo que hasta entonces no había cuestionado: para qué sirve realmente una nota. Hasta ese momento las había usado principalmente para no olvidar cosas. Empecé a verlas más como un lugar donde las ideas podían acumularse y relacionarse con el tiempo. Ese cambio de perspectiva fue más útil que cualquier aplicación que hubiera probado antes.

La novela

Hay un ejemplo que cuento a menudo porque me parece ilustrativo, aunque también un poco absurdo: usé Obsidian para escribir la novela que estoy escribiendo. No lo planifiqué así. Simplemente empecé a tomar notas sobre los personajes, las escenas, los hilos narrativos. Y vi que cuando todo estaba conectado —un personaje enlazado a las escenas en las que aparece, una escena enlazada al arco narrativo al que pertenece— podía ver la historia de una forma que un documento de Word interminable no me permitía. No digo que sea la mejor forma de escribir una novela. Es probablemente la forma más rara. Pero para mí funcionó, y lo que aprendí en el proceso sobre cómo organizar información compleja ha sido bastante útil en otros contextos.

De dónde sale "sanidad digital"

El nombre surgió tratando de explicar la utilidad mis hallazgos a personas que conozco. Cuando le contaba a alguien que reconocía con el mismo tipo de problemas por los que yo pasé al organizar mis notas, la reacción habitual era "eso es mucho lío" o "yo con las notas del móvil ya me apaño". Y tenían razón en cierto sentido —no todo el mundo necesita un sistema elaborado, pero todo el mundo necesita un sistema _que le funcione_. Y muchas veces no sabemos que eso que hacemos todos los días no funciona, simplemente estamos acostumbrados a la complejidad. Hay un punto intermedio entre el caos y el sistema perfecto; un mínimo de orden en cómo gestionas la información que pasa por tu vida digital que hace que las cosas funcionen un poco mejor. Que no pierdas tiempo buscando lo que ya tienes. Que las herramientas que usas cada día no sean una fuente de fricción adicional. A falta de un término mejor, empecé a llamar a eso "sanidad digital". No como un estado ideal que alcanzar, sino como una forma de describir que tu entorno digital está en condiciones razonables para lo que necesitas hacer.

Para quién está pensado el taller

El taller **Sanidad Digital** está pensado para personas que usan el ordenador o el móvil cada día y sienten que podrían sacarles más partido, pero sin saber muy bien por dónde empezar. Para estudiantes que acumulan notas que luego no usan. Para profesionales que a veces repiten trabajo porque no tienen forma de recuperar lo que ya hicieron antes. Para cualquiera que haya oído hablar de Obsidian, de PKM o de gestión del conocimiento y tenga curiosidad pero no sepa si es algo para ellos. No es un curso técnico. No voy a enseñar a configurar nada complicado. Es más bien un espacio para repensar cómo gestionas tu información y ver qué herramientas pueden ser útiles en tu caso concreto. Hay cursos más específicos que quiero desarrollar después de esto —para estudiantes, para escritores, para personas que quieran profundizar en PKM. Pero este taller es el primer paso, y probablemente el más útil para la mayoría de la gente.